17 octubre 2006

PEQUEÑAS SEÑALES

Hoy es uno de esos días en que veo las cosas oscuras. La gente me hace verlas oscuras. No puedo imaginar como hay gente tan mal educada, o incluso tan poco sensible. ¿Habéis observado la tendencia actual de no ceder el asiento en un transporte público a un anciano, minusválido o embarazada?. El recurso fácil es culpar a los mas jóvenes de esta actitud, pero no sería justo, ya que esta situación la observan totalmente impasibles personas de todas las edades.

¿No piensan que podría ser su madre, o su mujer, las que podrían necesitar de ese asiento? O peor, quizá es que no se le cederían ni a ellas.

Lo más triste de todo es lo rezuma de todo ésto. La falta de una educación en valores que por fin priorize la solidaridad frente a la competitividad, y la disponibilidad frente al egoismo.

Son pequeñas señales, pequeñas advertencias de a donde podemos llegar si la gente no toma conciencia de las necesidades de los demás y se preocupa solo de las suyas. Al final está el caos y una vez allí, entonces alguien necesite la ayuda que nunca prestó.

Solo queda un halo de esperanza, y al que me agarro cada vez que alguien comparte conmigo esta perspectiva de las cosas. Hace falta una nueva generación de personas, con valores, con metas, idelistas, sensibles, comprometidos, solidarios, que le den un vuelco a todo esto.

¿Serán nuestros hijos/as, esta generación?. No perdamos la oportunidad.

Advertencia: Si los padres no hacemos un esfuerzo con nuestro ejemplo, nuestros hijos no nos van a creer. Y creerme, no basta con ser "buena persona" y "enrrollado". Los que ahora no se levantan del asiento del Bus son hijos/as de una generación de padres "buenas personas" y "enrrollados".

1 comentario:

Eva dijo...

tienes razón, a lo largo del día sin que tengas que prestar demasiada atención, se ven numerosos ejemplos de mala educación, que al final son sólo un reflejo de la falta de valores, de lo que distingue a la "gente que vale de la que no", como digo yo

es indignante, pero siempre nos queda refugiarnos en lo que llevamos dentro nosotros, y en lo que dejamos de legado a nuestros hijos, esa base fundamental de convivencia, la llave mágica para hacer de su mundo, el que les dejamos, algo mejor

no hay que perder la fe:)