25 abril 2008

UN AHORCADO EN LA PUERTA DEL TRIBUNAL

¿Os suena este texto?

"Yo, Juan Blanquez Román, he construido el edificio de la Avenida antiguo Reino de Valencia, 33. La Señora del Juez Don ********** que es la Jefa del gabinete de abogados y su yerno el abogado Don *************, me han hecho el robo mas grande la historia. Dejándonos a mis hijos y a mi, en la ruina mas absoluta y negándose el derecho a un juicio. Son más de 30 años pidiendo justicia.Pido un juicio.Exmo Sr. Presidente______________. "

Es el texto de una pancarta. Una pancarta que cuelga de una soga al cuello que cada día despliega Juan Blazquez Román en la puerta del Palacio de Justicia de Valencia (junto al Parterre y la Glorieta). Consideraciones aparte de los motivos o fundamentos que le llevan a repetir esta situación día tras día y sin descanso, hoy, al encontrarme otra vez con él, decidí que merecía una pequeña reflexión por mi parte.

Ignoro desde cuando se coloca Juan en este lugar, aunque la persistencia de este hombre ha conseguido que hoy me refiera a él con su nombre de pila, y que pueda llegar a decir que lo he visto mas días en los últimos meses que a personas cercanas de la familia o que a algunos amigos. Hace exactamente 10 años que lo ví por primera vez, y a día de hoy todavía no le ha faltado el aliento para seguir revindicando un "juicio justo".

Cada día, en su banqueta playera, con una soga de ahorcado al cuello, y con una pancarta que reza el texto trascrito mas arriba. Desde hace 10 años y sin saber hasta cuando. En las últimas fechas y en busca de nuevas reacciones, coloca su soga en la farola que actúa como testigo diario de la escena. Y cada día la misma pregunta: ¿Acaso puede permanecer impertérrito a quién le competa la decisión de dar una solución a esta situación?

Ignoro si la tiene, o si en cambio existe una frontera legal que impide acceder a lo demandado por Juan. Lo que sí es cierto es que la justicia, a veces, debe quitarse la venda de los ojos, la misma que garantiza su imparcialidad, y observar que , por encima de cualquier otra consideración, debe dar a cada uno lo suyo.