Andan a la gresca los principales partidos políticos con las cuestiones de la bandera y el mayor o menor sentido patriótico que puedan tener unos u otros. Al respecto debo decir como observador perplejo que cada ves me recuerda esto al eterno debate de la senyera y la paella transferido a la esfera nacional y convertido éste en banderas, escudos, toros y castañuelas.
Las banderas son de todos o de nadie? Los sentimientos son de todos o de nadie?. Es cierto que a nadie debe pedir perdón por ondear la bandera oficial de un país. Cierto es también que tampoco debe hacerlo quién ondea otra que expresa su pensamiento, ya sea una republicana o la bicolor adornada con los símbolos del franquismo.
Por tanto, ni perdón ni vergüenza en unos u otros casos, pero desde luego nunca un uso de la bandera oficialmente declarada de todos para provocar separatismos, exclusiones, y rechazo. Flaco favor le hacemos a nuestra bandera cuando la usamos de forma distintiva y no aglutinadora. ¿O quizá no estamos defendiendo en esos usos la propia bandera y si alguna que otra opción política proclive a senyeras, paellas, toros y castañuelas?.
Seamos cuerdos. La bandera es la que es y es de todos. Los sentimientos son eso, sentimientos y no se puede imponer a nadie que los tenga, como el amor o la amistad.
Y los políticos son eso, políticos. No nos engeñemos. Por eso, cuando uno sale diciendo que se siente muy español, como siempre se ha sentido, y el otro sale diciendo que también, debeis tener claro que todo se debe a que se espera obtener algún rédito político del asunto.
En este sentido, Canovas del Castillo, hombre de humor fino, a preguntas acerca de la definición constitucional de español, llegó a decir: “Son españoles los que no pueden ser otra cosa”, lo que podría ser fiel reflejo de lo que hoy en día está ocurriendo en nuestro Estado de las autonomías, mal que les pese a algunos.
Lejos queda la frustrada negociación con ETA, atrás los matrimonios gays y la enseñanza de la religión, y en vísperas de unas elecciones generales no hay petroleros hundidos, guerras de Irak, y otras excelencias de “buena administración”, por lo que cualquier elemento que permita asomar la cabeza a modo diferenciador es buena, y ya se sabe, en un sistema en el que los dos grandes partidos se parecen tanto que saltan las chispas por ver quién da mas de lo mismo, la paella, la senyera, el toro, la castañuela, y la bandera nacional, siempre funcionaron muy bien en las urnas.
Y es que, todo puede pasar en un país donde un Estatuto de Autonomía puede fracturar un país, pero el cambio climático es incapaz de fracturar el mundo. Aunque esto será tema de otra verdad como un puño.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario