Hace algunos días, manteniendo una conversación con un compañero de profesión, y acercandonos peligrosamente a esos temas cuasiexistenciales, me confesaba lo duro que era que en tu familia no se reconociese tu valía profesional así como su docta y profunda cultura, cultivada valga la redundancia con años de esfuerzo.
Dicha afirmación me hizo reflexionar sobre la misma, llegando a algunas conclusiones, que como no podían ser de otra forma, son verdades como puños:
1.- Aquel que necesita del reconocimiento profesional fuera del propio ámbito laboral, lo que evidencia es una clara falta de autoestima, que intenta compensar con aquella faceta de su vida, quizá la única, de la que puede hablar en términos de éxito.
2.- Quizá mi compañero debería pensar que el ámbito familiar es el propicio precisamente para "desnudarse" de todo aquello adherido a nuestras vidas, y compartir en puridad otro tipo de valores como el afecto, el cariño y la entrega mutua.
3.- A lo que debe aspirar en el seno familiar todo ser humano, poco tiene que ver con el reconocimiento profesional, sino a merecer ser reconocido como un buen padre, un buen hijo, un buen hermano....incluso un buen amigo, extrapolando la disertación a nuestros círculos más próximos, y esto no se regala, ni se consigue en nuestro lugar de trabajo, se consigue en el día a día, dedicando nuestro tiempo a los que nos acompañan en esta vida, y lo mas importante, sin esperar nada a cambio.
18 agosto 2006
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2 comentarios:
amén.
tu "compañero"... ¿lee este blog? jajaja
por supuesto que no, je je
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